El apareamiento y la gestación.

Una vez que has tomado la decisión en firme de criar con tu eriza o tus erizos, debes saber cómo tienes que actuar para reducir los riesgos al mínimo y que todo termine de la mejor manera posible.

 

EL APAREAMIENTO:

Como te comentamos al principio, en el artículo Selección: edad y sexo, si tienes una pareja de erizos deben estar separados (cada uno en su habitáculo) y tan sólo puedes juntarlos en caso de que quieras criar. En tal caso siempre deberás introducir a la hembra en el habitáculo del macho. Esto debe ser así siempre para que la hembra se sienta sumisa e insegura ya que será ella la que ha invadido el territorio del macho y no al revés. Si hicieras lo contrario la hembra se sentiría mucho más dominante y se multiplicaría drásticamente la probabilidad de ataque hacia el macho.

Tanto el macho como la hembra se encuentran en celo durante todo el año pero a diferencia del macho, que está en celo todos los días, la hembra alterna periodos en los que se encuentra en celo con periodos en los que no. Este periodo alterna cinco o siete días de celo cada siete o nueve de inactividad. Cierto es, que en caso de que la hembra no se encuentre en celo no habrá que esperar siete o nueve días ya que en presencia del macho la hembra comenzará a ovular.

Un consejo que te damos es, que en el momento del encuentro, coloques a los dos erizos sobre la zona en la que tengas el sustrato porque una cosa es segura: el macho se orinará encima y la hembra, lo más posible, es que no sólo orine sino que también defeque.

Una vez se ha producido el encuentro siempre hay que extremar la vigilancia: no todos los erizos reaccionarán de la misma manera y pueden producirse altercados. Es posible que la hembra no se encuentre en celo justo en ese momento y se niegue a mantener relaciones. Tanto si lo está como si no lo está, su reacción inicial será, probablemente, la de saltar y resoplar mientras el macho la persigue dando vueltas y metiendo el hocico por debajo della, intentado convencerla, mientras emite un silbido.  En el vídeo que tienes un poquito más adelante podrás ver el comportamiento que te hemos descrito y escuchar el canto del macho.

Existe la posibilidad de que la hembra se encuentre en celo pero no acepte al macho. Puede deberse a diversas causas: que el macho sea demasiado joven, que ella sea demasiado joven, que ella detecte “algo” que pueda pasar desapercibido al ojo humano,… o simplemente que no le convenza. Por eso es importante que siempre cumplas con los requisitos que te enumeramos para reducir al máximo esta posibilidad.

Cuando la hembra se sienta preparada para la cópula se estirará separando las patas traseras y levantándose para dejar al descubierto la vagina. Entonces el macho se subirá al lomo de la hembra apoyándose sobre él mientras intenta introducir el pene.

A algunos machos les costará más que a otros y, sobre todo si es su primera vez, andarán algo perdidos. Es importante, si es que estás presente en el momento de la cópula, que por muy nervioso que te pongas al ver lo fácil que se lo está poniendo la hembra y lo mal que lo está haciendo él que no intervengas bajo ningún pretexto. Antes o después lo conseguirá, aunque insista más de una y de dos veces por el lado que no es. Una vez que comience la cópula, la mayoría de los machos morderán las púas del lomo de la hembra. Éste es un comportamiento, completamente normal, sirve para sostenerse encima de la eriza y no perder el equilibrio aunque ésta comience a caminar.

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Por nuestra experiencia podemos decirte que rara es la vez que el apareamiento no tiene lugar durante el primer día de contacto; las cópulas de nuestros erizos siempre han tenido lugar durante los 15 primeros minutos. Puede que ocurra el mismo día o puede que no; por eso, y si no estamos seguros de si se ha producido la cópula, dejaremos a la pareja juntos durante dos días. No obstante, existe una forma de saber si la monta ha tenido lugar: restos de semen o tapón coital.

Cuando el macho desmonta a la hembra, de la vagina de ésta emana un pequeño flujo de semen que quedará adherido al suelo o al sustrato y es muy fácil reconocerlo.

Tanto si has estado presente durante la cópula como si has encontrado restos de esperma, retira a la hembra del lado del macho y colócala en su casa para que descanse y se relaje.

Ten mucho cuidado al cogerla porque por norma estará algo más irascible y no se mostrará muy colaboradora. Igualmente ten cuidado porque aún le quedarán restos de semen alrededor de la vagina y puedes acabar con la mano bastante sucia…

Se puede dar el caso, al ir a separar a los erizos, que al coger a la hembra encuentres sangre en el sustrato, en el lomo, en las patas traseras o en las púas más próximas al ano y la vagina. Lo primero, antes de asustarse y ponerse en lo peor, es coger al macho y observar su vientre. Lo más probables es que se haya pinchado el pene y haya sangrado. El pene, al ser una parte muy venosa, sangra muy exageradamente y siempre parece más grave de lo que es.

Coge al macho y mírale el vientre. Si tiene sangre justo en la zona del prepucio es un signo evidente de cuál ha sido la causa de toda la sangre que has visto. En principio no tiene mayor importancia y no precisa de cura alguna. Simplemente vigila durante los días posteriores por si notaras algún abultamiento o si supurara pus, lo que implicaría una infección y habría que acudir al veterinario.

Nosotros recomendamos (si no estamos seguros de si ha tenido lugar la cópula) dejar a la pareja dos días juntos, aunque verás que se recomiendan diferentes formas. Pasados los dos días, coloca a la hembra en su casa y déjala descansar. Pasadas 24 horas, vuelve a juntarla con el macho y observa si la hembra se muestra receptiva o esquiva. Si se mostrara esquiva podría ser un síntoma de que la cópula ya tuvo lugar y ella no quiere saber nada más. Se podría correr el riesgo de separarlos asumiendo que la hembra ya ha sido fecundada pero, para asegurarnos, en cualquiera de los dos casos deja a la pareja junta dos días más.

Hay quien recomienda dejarla durante periodos más largos de entre una semana y 15 días. A nosotros, en lo personal, no nos gusta. Si la hembra es fecundada el primer o segundo día, dejarla siete o 15 días sería provocarla un estado de agobio innecesario cuando lo único que necesita es tranquilidad.

Tras estos dos días deja a la hembra en su casa de manera definitiva. Ya sólo toca esperar el feliz desenlace.

 

LA GESTACIÓN:

Una vez que la hembra está ubicada de nuevo en su hogar, los dos pasos siguientes son: primero, cambiarle el pienso light por el pienso para crías ya que va a necesitar un aporte de proteínas y grasas mucho mayor y procurar que nunca falte comida en el comedero; y segundo, colocar un montoncito de heno para su disposición en algún rinconcillo libre (nunca dentro del refugio), a poder ser apartado de la letrina para evitar que orine o defeque encima.

La gestación en el erizo enano africano ronda, de media, los 35 días de embarazo pudiendo llegar a alcanzar los 54 en hembras primerizas. Por eso, es importante que no te obsesiones con la fecha. El día del parto depende de varios factores: si es o no primeriza, del tamaño de la hembra, del número de crías, de la temperatura,… Incluso, la propia hembra, puede retrasar a voluntad el momento del parto si así lo considera.

Para que no estés más de un mes con la incertidumbre de no saber si tu eriza estará embarazada, existen una serie de pistas que pueden ayudarte a salir de dudas:

  • Aumento o disminución del apetito. Si observas que la comida no te cunde tanto como antes o que disminuye a un ritmo más lento podría tratarse de un síntoma de embarazo.
  • Aumento o disminución de la actividad. Si observas que tu eriza sale a horas en las que antes era inimaginable verla (normalmente para comer ya que suelen ir asociados el aumento de actividad con el aumento de apetito) o, por el contrario, pasa más tiempo de lo normal dentro de su nido (no implica disminución del apetito) podría tratarse de un síntoma de embarazo.
  • Aumento del peso. Si observas que tu eriza ha cogido peso en muy poquito tiempo, independientemente de si come más o menos, podría tratarse de un síntoma de embarazo.
  • Pérdida de vello abdominal. Si notas que a tu eriza se le está cayendo el pelo del abdomen dejando los pezones al descubierto podría tratarse de un síntoma de embarazo.
  • Aumento de los pezones. Si observas que los pezones se han agrandado y se asemejan a pequeños granos de arroz se trata de un claro síntoma de embarazo.
  • Abultamiento de las “nalgas”. Si tu eriza se ha vuelto muy culona en comparación al resto del cuerpo podría tratarse de un claro síntoma de embarazo.
  • Aumento del olor de orina y heces: Si observas que, cuando tu eriza hace sus necesidades, el olor te resulta más intenso y menos soportable podría tratarse de un síntoma de embarazo
  • Enrojecimiento de la piel del bajo vientre, la zona de la vagina y el ano. A medida que se vaya acercando la fecha del parto podrás observar como se van marcando las venitas desa parte del cuerpo.

  • Utilización del heno: Si observas que tu eriza ha introducido el heno que colocaste, dentro de su refugio podría tratarse de un síntoma de embarazo.

En cuanto a este punto último existe la teoría de que si la hembra recoge el heno y lo introduce dentro de su refugio, es un síntoma inequívoco de que, efectivamente, está embarazada. Bueno, pues esto no es cierto. Puede que, simplemente, le apetezca tener el refugio un poco forrado. Por otra parte, si tu eriza ignora el heno o ha construido el nido y luego lo ha destruido, no te preocupes: hay hembras que no construyen el nido hasta momentos antes del parto, hay hembras que lo construyen y lo destruyen para luego construirlo nuevamente y hay hembras que, simplemente, no quieren nada de heno. Sea como sea, procura que tu eriza tenga siempre heno disponible: es preferible que sobre y haya que retirarlo antes de que falte.

Es importante, más que durante cualquier otro periodo, enriquecer la dieta de la hembra con calcio, minerales, vitaminas,… como te comentamos en el apartado de Alimentación: los complementos. Piensa que dentro della se está generando vida, que esa vida necesita alimentarse y que si no existe una fuente externa que, a través de la madre, le proporcione todo lo que necesita será la propia madre quien suplirá las posibles carencias sacrificando sus propias vitaminas, sus propios minerales,… Este sacrificio puede acarrear fatales consecuencias a corto, medio y largo plazo tanto para ella como para las crías por las que ha estado sacrificando su salud.

Otro aspecto igualmente importante, para que el embarazo llegue a buen término, es no agobiar a la hembra cogiéndola cada dos por tres o molestándola con ruidos y golpes. Nos explicamos: puedes manipularla para examinarla y comprobar que se encuentra bien, pero no para jugar con ella durante dos horas; de la misma manera que el cambio de sustrato, agua y comida debe realizarse con suavidad para que no se asuste demasiado por los ruidos externos. En la recta final del embarazo (última semana) habrá que evitar cogerla y hacer las labores de mantenimiento con extrema delicadeza.

Por cierto, prohibidísimo salvo que se intuya que hay algún problema, abrir y mirar dentro del nido para ver cómo ha quedado mientras esté ella dentro. Personalmente pensamos que es mejor que sienta que es invulnerable a todo lo que pase fuera mientras dure la gestación y que el nido es completamente seguro.

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